Por siempre ¿felices?

No había leído a Taylor Jenkins Reid antes y ahora sé que me he estado perdiendo a una autora que hace las cosas bien. Muy bien, diría yo. Además de buen ritmo y estructura, de una narración asequible y fluída, consigue que empatices con los personajes y que te metas de lleno en la historia. Es decir que, cuente lo que cuente, ya partes de que la forma de enfrentarse a la historia va a ser intachable (y eso, aunque penséis que no, es la base de todo: un escritor debe conocer su oficio).

SINOPSIS
El matrimonio de Lauren y Ryan está en punto muerto, al borde de la ruptura.
Ellos saben que se quieren, pero no son felices, ni siquiera se soportan. ¿Cómo han podido llegar a esta situación? Tienen que hacer algo drástico si no quieren terminar mal. Así que se les ocurre un plan poco convencional: estar separados durante un año y no tener contacto entre ellos.
Esta nueva situación les servirá para conocerse mejor a ellos mismos, para saber si se echan de menos, si quieren volver a estar juntos e incluso si siguen enamorados.
Lauren se embarcará en un viaje de autodescubrimiento. La influencia de amigos y familiares, así como su proceso curativo personal y los desafíos que supone su vida lejos de Ryan, empezarán a cambiar la percepción que Lauren tenía sobre el matrimonio y la monogamia, la pasión y la fidelidad, el amor y el sexo.
¿Realmente van siempre de la mano? Y si no es así, ¿qué es lo que realmente hace que una relación funcione?

Este libro fue un regalo y, aunque ya di las gracias en su momento, ahora no puedo sino volver a agradecerlo; ha sido un gran descubrimiento.
Un abrazo grande, Lidia.

Empezaré por el principio, por lo primero que ves: la portada. 
Sinceramente, creo que puede resultar engañosa. Esos colores vibrantes, ese fondo de estrellas o burbujas, esas copas de cava brindando... Sí, tiene un buen final, pero a mi, de entrada, esa cubierta me hace pensar en algo festivo o "lúdico" y el libro es un reflejo muy completo de una realidad. Y la vida no es toda de color rosa ni se merece un brindis a cada paso. La vida es la vida, nada más (y nada menos).

Contado en todo momento con la voz de Lauren, la protagonista, llama la atención que la primera parte del libro está contada al revés. Empieza en el presente, pero salvo esa primera página y media del inicio, los capítulos se suceden de forma retrospectiva: Hace once años y medio, hace once años, hace nueve años y medio... así hasta el presente. A partir de ahí, de la segunda parte a la quinta, la narración es lineal y, tras esa introducción del pasado de ambos, el viaje será en gran parte el de ella: desde su apatía a su reacción, pasando por sus miedos y deseos. Y está narrada de forma tan natural que lo compartes y participas de ello. La historia se cuenta a través de escenas cotidianas, reales, por las que pasa una familia. Tres hermanos: Charlie, Rachel y Lauren, una madre, que se han distanciado, pero que con la separación de la protagonista encuentran el modo de volver a ser una unidad, de reencontrarse. Cumpleaños, Navidades, cenas familiares... Todo te hace sentirte como en casa. Y aunque por lo que cuento puedas pensar que la relación entre los protagonistas pasa a un segundo plano, te diré que no, que siempre está presente y que todo lo que sucede y en lo que piensa Lauren está relacionado con ella.

No es una historia fácil (pasan muchas cosas que son la vida misma) y exenta de dramatismo, pero está contada de forma que se siente natural y no se regodea en ello. A medida que avanza el libro iremos llegando a un final cantado pero que llega en el momento justo. 

Un bonito viaje por la vida.

M.C. Sark. 



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